6/25/2010
6/24/2010

(“Me tocó crecer viendo a mi alrededor paranoia y dolor, la moneda cayó por el lado de la soledad (otra vez.)…
No me lastimes con tus crímenes perfectos…”) Andrés Calamaro
Flor germinada en la oscuridad de recuerdos difusos,
cuantos tiempos he dedicado a tus nadas, al todo
que me entregas en solamente tu presencia,
a los instantes que me retuerzo como el cuchillo de tus espaldas.
Si quisiera definir el devenir de tus cuerpos,
si quisiera abstraer el dulce y escondido sabor de tus pasos,
me quedaría con recuerdos nonatos
que murieron en mis relaciones infértiles
como los faroles de una plaza maravillosa
de aquellas donde he bebido con tu nombre,
contigo, con tus arranques de criaturas nobles,
con tus hormonas exasperadas en los caprichos de la luna
y tus voces, con las ideas que sin sentido descienden en la entelequia.
No hay explicación para que yo no esté en tu cruz.
Sin embargo el ulterior en sus redes crea emociones.
Yo tampoco me atoro en las ramas de árboles insensatos.
Regalé mil años a escribirte los eufemismos perfectos
que dibujaran los originales deseos de que tu boquita fuera feliz.
El hombre sufre la patología del dominio de los días,
el animal sufre la enfermedad de la violencia del deseo,
el amor es la piedad del arco iris de la lluvia
que prefiere seguir de lejos la belleza de soles lejanos.
Hay habitaciones del ocaso
y la puesta del sol que el dolor no deja
abandonar en la mañana pútrida.
Ahí están los niños bailando
con artefactos indómitos
y las madres con unas cadenas de chocolate
y otras chiquillas fastuosas,
esperando espontáneas.
Ahí están los océanos de emociones
sin diques aturdidos
y los colegios municipales abstrayendo
la exclusión de roca futura.
Este paisaje se nomina “la niñez segura”
y este horizonte ficticio
es de sólo algunos
que venden el culo en las subastas del infierno.
Tengo las piedras en los bolsillos, sé
la corazonada de cuando se acabará el cuento
y la tapa posterior se cierra en un suspiro
y busca otra historia que le de agua
a los perros callejeros que rondaban el pasado.
A mi boca llegan todos los ojos enrojecidos
y en sus recuerdos traen condiciones irrefutables.
Ay! de mí, los amores que se escapen,
no hay cabida en el sol para unas nuevas explosiones.
Todas las mañanas el resabio de mis bigotes
desaparece en la ducha, en la copa corroída,
en la comida inacabada, en el beso de mi amiga
constipada y dividida, anonadada en mis expiaciones
y no deja ni medio espacio a la eternidad
del momento indefinido por la nada que nos rodea
como trabajos y relaciones embarazosas
en el contexto circundante de los partidos de belleza.
La nobleza es un caso cerrado de ante mano,
lo mundano de las circunvalaciones cerebrales lo decretan,
la soberanía de la realidad se evapora en la portada
de una revista sandunguera, gamberra descolorida
y camino por la vereda de lo que fue mi hogar
imaginando el ayer como un rebosante mendigo.
En aquellas circunstancias Dios es el hielo
del licor cuando es adicto cuando los pies se tornan plomo.
Las gavetas del honor sin familia escapando
como pájaros tirando al Eolo papeluchos
que adquirieron en tribunales chistosos de mala muerte.
Me pregunta cada madre -¿qué prefiere en su linaje?-
Las convulsiones dominicales dicen “quiero una cerveza”.
Yo ni siquiera cito a Sócrates tremebundo y legionario,
pues tengo la respuesta en la cresta sucia de mi lengua
donde no diviso más que un beso que me falta
mi saliva rebullendo cual los deseos de pueblos fantasmas,
las señales que aparecen en pétalos virginales,
las prostitutas azoradas que me abrazan en sus carbones,
bloody Mary, Chivas Regal, Stolischnaya, Fernet,
Martín dry, menta glaciar, sangría española,
Laura, Fernanda, Josefina, Ana, Rosa, Maria, Soledad,
sexo en la playa en la roca de Isla Negra en el verano,
la rubia platino de la esquina de la calle de mi ex novia;
los delincuentes de la Vega que me obsequian relojes
con pulseras de plata que cambio por aviones,
mariscales y sopaipas, habanos Cubanos,
discos de vinilo salpicados con fluidos de naciones oprimidas,
tribulaciones insensatas de homologaciones agarrotadas
con burgueses aletargados que añoran mi presencia,
polvos inmaculados en las chinganas de la corrupción
de la policía que se esconde en los callejones inmunes;
antigüedades preciosas, otro día en las nubes
con mis camaradas eternos: los de oro amarillo,
mis chaquetas y mis abrigos, mis galas refulgentes
que atraen al fénix de la mañana que sigue.
No tengo mentiras en la mirada que despliego,
hay flores de la sonrisa y cariños en las espaldas
hay versos con coronas que son justos y luminosos
yo no temo a la noche constante
pues voy de la mano con la mañana
en la portada de este libro escandalizado y maldito
que nunca jamás se acaba aunque la muerte nos separe.
Dice la saliva del diantre
qué la luz del camino espinoso
del paso de los compañeros furiosos
es la remembranza siempre dibujada
en las paredes de la límbica epifanía
de las sensaciones de gloria.
Pero soy rebelde:
no
hay
dios
en
mi
mesa
de la cantina,
sólo ustedes queridas bestias sinceras.
El amor es otra de las vísceras
que eléctricamente confunden
a la eucariota frontera de la mirada del resto.
Ellos están adentro de mí
cual espermatozoides negros
que solamente funcionan por motivos extraordinarios.
Yo los amo, yo sé que son pocos,
yo sé qué se extinguen en este universo ingrato,
nadie separaría la lujuria de lo que experimento
mas por eso los sigo queriendo
en las noches cómplices
cuando matan y mueren por mí
como atañe la reciprocidad madre
de todas las batallas en camas ajenas.
bestia desagradable?
“Se llamaba Soledad y estaba sola,
como un puerto maltratado por las olas.
Coleccionaba mariposas tristes,
direcciones de calles que no existen,
pero tuvo el antojo de jugar
a hacer conmigo una excepción
y primero nos fuimos a bailar
y en mitad de un “te quiero” me olvido.
(Joaquín Sabina)
Si bien o mal era habitual interrumpir descaradamente el espacio en el tiempo pasado, al verla insurrecta de estructura y palabra, quise celebrar con ella su próximo funeral y saberme entre sus piernas aunque no fuese lo correcto.
Varios días me dediqué a acercarme a su corazón de pirata, mas me topé con una coraza dura parecida a una perra rabiosa que no me dejaba cruzar hacia el jardín de su pecho, salvo le ofreciese carne sincera y cariños lujuriosos embetunados por alcohol y psicotrópicos variados.
Ella siempre gusto de ir un paso adelante de mí, sin embargo, por lejos, aquel hecho jamás me molestó, debido a qué de esa manera podía mirarla por atrás y ver como la cabellera le manchaba la chaqueta con guirnaldas blondas y como el trasero se le marcaba en los ajustados jeans que acostumbraba a usar.
Al cabo del tiempo nos convertimos en la pareja perfecta.
Ella procuraba ser demoníaca y quizá alejarse moralmente de mí con sus historias descabelladas, ya que según puedo entender, a estas alturas en las que ella ya desapareció, qué incluso creía que yo era, también, una especie de diablillo.
A pesar de todo, yo me dediqué a su felicidad, a lo que creía le gustaba del suicidio lento de la bohemia y el despilfarro, a compartir los excesos y las mentiras y vilipendiar al universo y reírnos bajo el influjo dionisiaco de una mágica mata.
Hice un millón de fiestas en su nombre, la presenté en mi mundo como la Reina de otro universo mejor y más honesto. La honestidad había mutado en su paradigma, obviamente, mi amor por ella no podía ser divisado salvo por el prisma sublime de una ética que (aún) no existe. Ella también me amaba, lo sé, pues me cuidaba en el ocaso, me acompañaba al hospital psiquiátrico cuando yo quería descansar del agobio de la realidad y fue la abogada de esta causa perdida llamada Pavlo Zamorano.
Innumerables veces me prestó dinero y nunca me lo cobraba, pues sabía que yo, igualmente, era ella y le daba todo lo que poseía a mi alrededor.
En ocasiones memorables íbamos a restoranes de lujo, a los más elegantes de Santiago y comíamos y bebíamos como los ricos que nos explotan. Nos portábamos mal y éramos tan naturales que asimismo conversábamos con mendigos, travestís y prostitutas infantiles.
Juntos vivimos todas las vidas y lo exquisito de nuestra aventura era que nadie sabia de aquello, de nuestra complicidad absoluta que nos unía cada vez que los demás se descuidaban.
Yo la miraba como todas las mujeres de mi vida. Yo la amaba! Creedme amigos míos! Aunque no soy hombre que desprecie a las mujeres. Ella era mía y de todo el país y sabia secretos que aún desconozco.
Y me pasé gran parte de los días peleando por su respeto y su cariño incondicional. Creo que incluso asesiné a un par de ignorantes cuando se atrevieron a mencionar el nombre de tan gloriosa mujer. Le prometí la eternidad a mi manera, a la manera de los malditos inmortales. Y aunque ella se alejó de mí con trompetas y platillos, por qué pensó que lo mejor para el demonio era la Soledad, y me partió el corazón con su traición y su partida irremediable, yo me di cuenta de qué igualmente debía cumplir la promesa que le hice: “nunca estarás en el olvido” Mi Lobita.
6/16/2010
NADIA

6/09/2010
Ahora los saldos menesterosos y amarillos
todos los jirones de aventuras
y funerales exigentes.
Habían madrugadas gélidas
allende sin pelaje explotaban contra charcos
de incidencias los mínimos recursos
de un atado enmarañado del terror cotidiano
y el león en la habitación de cristal apunto
de quebrar la ventana y escapar…
Sabe la sensación de saltar de babel,
este ciclón pretende enmendar fantasmas escurridizos,
pues cuando intentaron comprimirlos, las grageas
tornáronse vinos, las mujeres: respuestas.
Los versos son las garras de el león vivo
que pulula mustiamente observador en el averno.
Los nervios gritones en su ronda final,
se acerca la noche cargando en sus espaldas
una mañana preciosa: la sensación de la torre
en frente de un querubín libertino y tempestuoso,
la sensación de las cartas de amor incoherente
y abrazos que no importaban en el alud de la rotativa.
CONTEXTO

C O N T E X T O
Lo que pasa es qué LAS
perspectivas que determinan los futuros
se alejan como las providencias del último ojazo.
En las noches más centrales, yo, vuelo
en brazos de un incierto devenir de caballos misteriosos
,sin embargo, hacia la casa de Epicuro,
Ron de pirata y tetrahídricas pócimas antiguas,
unos venenos rusos que le dan el rococó
a mi disertación dadaísta en medio de la playa.
La seguridad de una alquimia ajada:
lo que me sostiene en el tambaleo ineludible
del choque impresionante contra el muro diáfano
que separa
la vida
de la vida
en vida.
(Nadie se atreve a refutar la medalla
de la rutilante oscuridad; y viceversa)
Ay! De mí… zorras maduras cayendo
del árbol genealógico de mis amores nonatos;
y cine, cuántas equis se encuentran en el comercio!,
periódicos amarillos de mundos paralelos,
subproductos del destilado del dorado
hijo de la vid nortina agarrado en un bar de Cal y Canto,
cadáveres sabrosos dentro de la cara de Dios
inflándome la pelvis, soplándome en el abdomen
como la casquivana madre de Rolando.
Yo cual la energía
disparo un par de chispas que regresan intactas.
Mi lucidez proporciona unas discusiones de diamantes,
a veces, el mundo pasa por mi dedo absorbiéndolo
como el anillo sagrado de la puerta de la vida
y con él hago la proeza de la justicia en millones de camas…
Mil años a mi corazón requiero,
hijos míos, hermana sisada lejana y seducida!,
amados destruidos con el rabo entre las piernas,
el mundo es tan nuestro, es nuestro
como la parra del botellón amargo que ilumina mi escritorio.
En donde me encuentro hay fetiches,
cosas plásticas, prácticas
absurdas e inusitadas.
No tengo certeza de cómo el lapso es capaz
de dibujar en las paredes del cerebro psicológico
tales cuadros de recuerdos indefinidos
por sus colores fuera de la campana de Gauss
donde me encuentro en las noches
con mis mejores amigos: una sarta de demonios
que muchas veces son leales a la manada.
6/05/2010
Jasmín

Me basta conmemorar un par de fragmentos
el cielo y el alba
de tu lencería felina.
Así me distraigo en un punto exánime
que petulante refleja el rostro carmesí
de tu hálito en mi cerviz.
No hubiese sido mi sangre vertida
y yo caído elucubré en mis apéndices la gloria
nonata del desplome en el muelle limonado
y las membranas de fantasmas
leones de lumbres distantes.
He bebido en tu boca suaves almendras
soberbias despampanantes que me erigieron
en todas las camas. Hay un bálsamo de hiel
en el aroma de mis falanges y cuando huyó
al cementerio mental acorralo de nuevo
la gloria turbia de tu personalidad extraordinaria.
Acostumbro el sonido de las hijas de nadie
mas tu sorpresa es rosada por la parte inferior
del pretérito indeterminado,
todo tiene solución
en la algebraica melancolía
y por eso serás mía nuevamente
y nuevamente.
6/04/2010

Provengo de oscuros vientos
que pintan las historias
de blanco y de negro, sin matiz
como los imperios sangrientos
que muertos atormentan
con sus fantasmas violentos.
Sin embargo la mañana tiene
escamas coloridas
y seré el matiz vago
de la violácea expectativa
en derredor del cuello del lobo
que aullara frente al espejo.
Quisiese también vaciar mis capilares
de patrañas, no tener familiares
antes de yo y ella…
yo nací sin estrellas sobre la pesebrera
del Mapocho.
En los cuentos de mi bruja hay muerte
y desolación,
pero soy una rosa cromática
que regala pétalos rutilantes,
soy amigo y amante
y guerrillero y hermano.
Le haré los gritos tremebundos
a cada uno de los cuadros puros,
a sus puntos enlazados
con el viento del bramido visible,
animales confundidos parecerán estos sonidos
serán la expiación de paranoides marejadas,
para seguir muriendo en la carrera
del oxigeno asesino,
limpiándome las rodillas de sangre y mojoncitos chistosos
con guaipe manufacturado con los vellos lúbricos
de las cortesanas del asfalto.
Seré el malo de la película salvaje
con la sed de la justicia
y ganadores y sumisos mearan las copas
del año nuevo siguiente.
Todo esto tergiversado en la tarima de la mente
patológizada cual un huracán en una botella
esculpida con un grano de arena negra
resistente como guerrilleros de piedras
inmunes al exilio de la historia y su ceguera.
La misión es tan clara como los charcos de petróleo
que emergen detrás de misiles
que silban marchas socioeconómicas.
Hay un mapa perfecto dibujado
en los cachetes de un arcángel,
lo he buscado infructuosamente en los suburbios
de la tierra prometida.
Sé que en los mausoleos se comenta el devenir de Pavlo
mas mi quimera está exhausta
y se llena de parásitos en las escamas.
Navegamos en el mismísimo holismo
configurados con las lagrimas.
No han nacido aquellos niños pero las rondas son infernales.
HISTORIA CORTA (INCOGNITA RUBICUNDA)

Tú me diste tanto, tanta estreches de esa, la que te caracterizaba de nubes en la cabeza, que te agradezco la cena del domingo y las flores del olor de tu madre. Incluso la irónica simpatía idiota de tu padre.
Recuerdo demasiado tu piel blanca, o más bien de un color extraño que, al no conocerlo, solamente me evocaba una gran nada. Grandes también eran tus nalgas, tus tetas altaneras y jóvenes. No así tus pezones delatores de adolescencia incandescente de mis dientes apretándolos mojados.
Y era así una danza nocturna y furtiva en apariencia y ocasión. Subíamos despacio las escaleras de tu castillo mientras el rey y la reina soñaban con tu futuro a mi lado.
Y, por supuesto, nosotros jamás soñamos ya que jamás dormíamos cuando estábamos juntos en esa litera. Por el contrario, aún más despiertos estábamos en espera de nuestra pequeña muerte convulsiva de fuego.
Solía acariciar tu cuerpo pequeño mientras te quitaba la ropa en tu igualmente pequeña habitación desordenada y oscura al igual que tu alma (y la mía). No obstante, siempre me pregunté el por qué de la oscuridad.
Debo reconocer, de qué a pesar, de que la media luz brindada por la luna o un farol de la calle frente a la ventana, le daba un contraste preciso a tus ojos blancos y a tus blancos dientes apretados tras tu orgasmo húmedo y tan chorreado y espeso que casi se confundía con el semen que te expulsaba sobre el vientre satisfecho o la espalda regada por la cascada dorada de tu largo cabello platinado y soberbio, nunca te pude ver, nunca pude saber quien eras.
LÍBIDA

En la amarilla puerta perpetua
de la desconfiguración pasional y loca
dilato las cavernas evocando tu puto nombre
y me imagino una gran morada
donde decorada con vello tenue
la pradera de tu conducto se licua en espera
disipando las reglas que norman tu entrepierna.
El olor es un vaho de una reina precoz y encandilada
que dispuesto ha ser halado vuela por todo el universo
que ahora es tu brasier iluminando la oscuridad
de mi melancolía perenne.
Si el sabor es la sal de las mareas de tu lujuria
que me empapa de deseo amoral y primigenio
haré de la reproducción genealógica el árbol
que la sombra te provoca en este fuego azulado.
Me gusta observar lo que cubre tu alma.
Ese traje albino y aerodinámico que suda
el magma de la orgiástica escena.
Ahora las manos acusan y apuntalan la ansiedad de moldearte,
de hacer sobre la escultura exquisita de tu ser un soberbio paisaje
de caricias y arañazos.
Los dedos pretenden hundirse en tu masa
tocarte el elixir, degustar el latido frenético
de tus flancos trémulos que le causan electricidad
a todo lo que te posee. A mí.
FENIX

De tanto perseguir la cola ardiente
de un pajarraco que no conozco
que según dicen salió del sol
y la luz y todas las risas,
caí en un enorme día
que se vestía de noche.
Las antorchas cannabicas
y el tequila iluminaban
todas las voces
en derredor
las hembras
como siempre
esa gran luna digna
de las adoraciones del sexo.
El contexto por sublime parece
lo perenne de una algarabía mentirosa
más la pena tan nimia
(y descomunal)
en su extensión, que me hizo protagonizar
el papel del malo en la película de malditos,
todo facilitado por qué yo poseía
el derecho al júbilo
entre las lagrimas que llovían
gritando el precio del placer
que está alejado de mis arcas que no existen.
Dado que en ocasiones se caían las bragas
para que yo besase la penumbra
del azabache triangulo de la perniabierta
que después de irse volando y dejarme
en el invierno gorgoteando
mis arquetipos tan dóciles
como un perro muerto siguiendo su cola
ni siquiera dejase una ceniza
en la hoguera que apagó el verdugo precioso
de hacer lo que no se debe,
yo me fui a inmolar al universo paralelo
donde aquel pájaro quema.
6/03/2010

"Yo sigo con la frente en alto/ aparto a los lagartos que sólo andan hablando weas que yo descarto/ en mi cuarto hago temas buenos./ En un sueño que a veces tengo/ estoy caminando por un desierto /imaginando que estoy muerto /pero qué está pasando que estoy soñando /que estoy despierto, /ahora mis viejos me tienen hablando con expertos /unos psicólogos estudian lo que estoy pensando en cada momento, /dicen que soy una amenaza pa´ la raza humana/ mis teorías se basan en dramas internos /estoy más enfermo que los que pasan en cama /esa es mi fama /y vean como aumenta /una explosión nacional Chileno /como los prisioneros en los ochenta /la pulenta, todo aquel que no lo piensen se creen expertos/ pero a las finales ven la mitad del mundo que veo yo /igual que un tuerto." (soldao Sean)
Me he dado cuenta que he pagado
de nuevo con el oro que falta,
otra de mis noches solitarias.
Después de tanto jolgorio mi melena se torna
del color de aquella tenue nevada
e igualmente recito el ensalmo de la soledad
sobre la oscuridad vacía de esta hoja en blanco.
Nadie me mira, no hay palabras
salvo estos lóbregos bosquejos occidentales.
Cual lo muerto, seré mi amigo propio
con el tetrapack chistoso y los volátiles fantasmas
de mi garganta constipada por el frío interior
de mi cuerpo después de la batalla,
pues no necesito de la voz en este momento.
Hemos ensayado con las alas del vuelo
una forma sublime de ser infinitos
y quisiésemos llevar con nosotros a los cuatro mil
contertulios idóneos y a una perra abandonada
y a dignos enemigos para jugar a las dicciones.
Haremos un bar de todos los géneros
con todos los destilados
fermentaciones de la tierra prometida.
Y sin dolor, en este contexto, las estatuas de hielo
danzaran las canciones de vetustos soñadores.
Le he ofrendado a la misión esta psique
y este soma disgregado entre el cielo y el infierno
para ser el factor que le incrementa la plusvalía
o el catalizador bioespiritual que rompe
enzimas sobrenaturales en pos de los cuatro vientos
y las mujeres abiertas.
Todo para mis hermanos que chocan
contra la pared de la realidad marchita
pues a pesar de lo bien que me sientan los cristales
en las mejillas, las lágrimas son para las montañas
que brillan y lloran hermosos riachuelos
donde el agua es pura y la pena se quita.
No seré ni el general ni el soldado de esta trifulca,
con mi caja de sorpresas, mi Zaratustra
y la docena de colores fundamentales
que aseguran la imago difusa.
Haré un lugar templado para habitar con mi hembra
mis cachorros con los tesoros
y todas
y todos
los que quieran escapar de esta feliz miseria.
Para eso me entreno en los sombríos callejones
delincuenciales y turbios, estafas y epifanías
para eso bebo las clases del diablo invalidado,
para eso regreso solo a la cresta
de la tristeza dócil cumbre
y recorro espacios indocumentados
tal cual la punta de mi lápiz se desliza.
Me empeñado en representar la existencia,
en vomitar la lengua estructurada,
en amar las posiciones moriscas
de todas las clases, razas, sociales,
etarias
y
una
que otra
ninfa adoradora
de úteros
generalmente olvidados,
en ser el mejor de los hermanos cómplices,
el mejor de los oídos éticos,
el discípulo y el maestro de ciertos paradigmas etéreos,
en ser todo y nada
alternando las esencias
hasta generar altruismo
: soy asceta!
Sé que la verdad está en el fondo
de alguna botella
y no es vicio el afán del antropólogo,
si pudiese transmitir el ímpetu, dios
también estaría riendo en los círculos concéntricos
del humor negro.
Pero la fe del hombre es la negación de la verdad,
la fe del hombre es la estupidez que alimenta
con libros aburridos
la fe
del hombre
se aleja de la vida
cual si seguro fuese el patio trasero de la parca.
El paraíso es éste,
sólo falta subirle la falda
bajarle el pantalón
hacerse dueño
del devenir sin plásticos ni patronos,
tomar de las manos las propias alas
y volar
por donde el espíritu genere capricho
y reviente la pared transparente
de lo que los demás esperan de nosotros.
Me piden un millón de abejas
y los zánganos vuelan en mi derredor
haciendo el trabajo limpio
de todos los hombres tristes.
Debiese la reina estar en mi cama sonriendo
pero duermo más solo que el sol
de la muralla transversal y lógica
del mar lleno de promesas de mañana.
Ay! de mi corazón: él no conoce
las puertas que llevan al final.
Por qué la pesadez del amanecer siguiente
hace sangrar mis ojos, soy diferente
pero igual a los que hacen la torre
que pretende llegar al cielo.
Veo en mi casco de guerrillero
el blanco del destino en la noche,
se me caen los zapatitos del bolsillo
sigo en la carrera que todos abandonaron
el día de la bestia coronada en la nada
mis calaveras se escondieron
en el cuarto de mis padres y mis madres.
Y qué digo? yo nací el momento del viento
nonato, estepario, huérfano, desamparado
en mis pasos está dibujado el tormentoso vuelo
de un animal extinto los domingos por la tarde
soy una gran bolsa negra de basura reciclable
y voy al cine solo a las vermouth de Magdalena
mirando a las hijas preciosas y rubias
del pretérito imperfecto.
Es mi culpa el último bar abierto
una que otra pelea en los cerros
donde el guinca muerde el polvo del resentimiento.
Los gatos se acercan a este tipo de aparatos
y danzan elásticamente la festividad
de un sol menos amarillo que los ojos del emperador.
Las playas mojan mis herraduras oxidadas.
En el compromiso no considero la mano de obra
como los dedos que apuntan una ramera en la avenida.
Mi vida está perdida? No! Está celebrando
y pocos conocen la dirección de su verbena
al lado de unos libros y una religión muerta
en la esquina de los quánticos deseos
de alquimistas con olor a hoguera.
El hombre es un animal misericordioso,
el hombre adora al hombre y a la natura;
no os confundáis con el negocio
del ciego:
He visto a los protervos que ponen sus garras
por delante de vuestro atisbo
y ellos son los que cenan los domingos
y ellos son las palabras
y se niegan descaradamente
a compartir la carne del cordero que se asa.
Ellos son los viajes por el mundo
y conciben groseros y computadoras
y futbolistas y modelos y periodistas y médicos
y abogados y diplomáticos y alumnos
para alimentar
a su descendencia circularmente lucrativa.
Yo no culpo sus intenciones
mas asesinaré las metodologías que niegan la vida
en pos del veinte por ciento,
que merecen este disparo que hago contra sus sienes.