2/24/2009


Estoy triste, solo, todo,
de lo que el ser escapa
furibundo y necio al desprecio
de sí, el bosquejo perfecto del emperador.

Y sufro, como la luna, el sol,
el pájaro volteado por la piedra de la mano,
la tierra manchada por la bencina de las cabezas,
incompletas y rancias, de los abuelos infinitos;
su tradición, su traición, sus gritos, sus dogmas
melancólicos de solución nonata. ¿Y qué genes?

¿Qué música, tropezones y ballestas,
trapos celestes en madrinas de petulantes serán
los amantes del idilio y el infinito?

Quiera cualquier dios que la ciencia
cronológica y calcificada especule los fines exactos
de ecuaciones abstractas,
que el procarionte reviente en la falda de la reina,
que la simpleza de los astros permanezca divinizada

para saber con certidumbre que jamás sabré nada,
que sicarios de espirales siembran
en los abismos de los techos y los puntos
que separan a los puntos de los puntos...
Por que así

tengo
la certeza de que sólo

tú eres
mía.

1/30/2009

(...)

De la violencia un ramo de calas
muertas en contradicción con la belleza
emana el elixir y flota la alcurnia
todas las mentiras hegemonizan los capullos
en la objeción del payaso se denotan los esquemas
además de las intervenciones de las versiones disímiles:
un mar que no llega
al océano profundo del espíritu
y sus sinónimos que son el devenir del tiempo.

Cada tradición es una droga estupefacta
el fáctico poder de la luna en las mareas

sanguinolentas y esqueléticas, las voces

de neón, el orfeón de las praderas mustias,
elucubraciones de lo que NO suele pasar.

¿Dime hombre, (alias) el ontogénico desastre,
cómo puedes caerte
al lado
de los gorilas vetustos?

Cada mentira es la verdad del espacio
y el tiempo en un grafico cartesiano del musgo de la existencia.
En vosotros hay agresión, la versión de las puertas cerradas
a fuego, el neutro paradigma del lego configurado,
mas si su palabra separara en letras la letra
de la concepción y el deseo
extrovertido: conocimiento (si miento,
una guillotina en el pescuezo) que los alumnos tienen la luz
en la lóbrega concupiscencia, en la genética
metafórica de la medicina y el poder fáctico.

Nada es nada y la ecuación culmina en una riña callejera
que se bifurca

1- en la muerte de un poeta que no publicó
2- y otro pensamiento póstumo.

1/17/2009

BUENAVENTURA DURRUTI



No eres el Héroe de las calles desocupadas,
ancestro de la libertad en la frente del puño,
la idea pura atiborra la noción del tiempo,
chocan las piedras aunadas al alma
contra el vidrio de la jaula que roemos salvajes.

Hombre justo es tu nombre. Asesino
de ricos y cobardes. Ladrón
de corazones y bancos. Delincuente
generoso que supo la vida.


UN POCO DE LÓGICA


!!!Y LA GUERRA SE DEBE GANAR EN EL ALMA...
REPUDIO AL PUTO PUEBLO ELEGIDO POR UN DIOS QUE NO EXISTE...

12/31/2008


Las nubes, argento
en la mañana que no llega.
Deseases la ventana de Mosqueto
y la pipa en mi boca cerrada mil veces,
para reconocer la cantidad de soledad que pululo
en el averno cotidiano de la “mala vida”
viuda ciega araña del tiempo
que asusta a los niños, a los grandes
y tormentosos búfalos de los suelos, a ti, incluso,
también, hermana lobo, que me sabes
cuidar en la madriguera de lo irreal
y lo supraverdadero, el neón y la hierba,
ocasiones fantásticas donde no se saben
besar los amantes y las Julietas en las espaldas,
mentirosos “te amo” se caen de los balcones,
mentirosos “me amo” son el ardiente metal del hielo
del tónico: la noche es mi calavera,
he quedado tan solo en la postrimería de este hotel.

Intente enviarle unas señales de humo
con el hachís
de mi pena,
mas la canalla está ciega, como los topos
de L i r a.

Después quise suicidarme, pero ya estaba tan muerto
que me salió el tiro por la culata y herí al caballero
que vendía las almas
de Ecuatorianas gamberras
aquella madrugada maldita que todavía no acaba.

12/19/2008

CARTA


No me redimo del hierro
y el gélido sonido, de su única carta:
la tercera que me hizo, en la que se despide
de las hojas de los árboles que hacían el libro
sin raíces que era su amor insano
y su cuerpo de mi soberana, amándome
por siempre como los besos de la espuma
a la arena del cuello de la tierra que la necesita
como siempre que desaparece tras el fatuo corpus
de una violenta marejada de ímpetu y corazones.

12/01/2008


Ciertamente huelo al perfume
de la misma fragancia de su endometrio en mis falanges,
colorado, celeste, albino y metafísico,
suspirando recalcitrantemente bajo mis infames bigotes.
Su lengua afilada en la sima de mi cabeza danzando
un blues aborigen con sus facciones felinas.
Me inserto en sus entrañas especulando los orgasmos
deliberadamente sudando la combinación epicúrea
del órgon y el absenta en su delicada cintura.

Cuando se encarama la pena
en las venas de la vida, la muerte
recibe los puñales cristalinos
de las sales, de los azucares
del viento cual una marea
el alma prolifera en una cárcel extraordinaria
y todo se resume en vaho y violencia
en agendas programadas como si el futuro
fuese una piedra resbaladiza, un alfil,
un carcoma, una lata de cerveza rutilante y sudorosa
como la espalda de la cortesana
que alivia ocho segundos mi algarabía.

11/26/2008


Sin darse cuenta

todas las pirañas han mordido mis cadenas.


Y aunque ahora solamente sea un haraposo

cadáver repulsivo a vuestro olfato

y alberdrìo libre,

por fin puedo decir que soy libre,

libre de pan y pedazo.


Sin que ni siquiera

me hayan querido,


yo me embriague de vuestro cariño

y me bañe en viscosos lagos de quejidos

sin ningún heredero de miserias y círculos.


Sin que mis voces

fueran grabadas en vuestros estados de cintas,

puedo asegurar que revoloteo

en mil mariposas, cada vez que me veo

un tanto parecido al que ahora causa problemas,

un poco más sofisticados

de los que en el pasado yo proveía


cuando sólo era un niño

que trataba de llamar la atención

para que le hicieran un poco de cariño.

(...)


Hoy tu nombre el vaho final.
Será.
Transformada su letra
en sensación de saetas
de terso arco
iris abiertos al mar
de la carne que adora
esta hambre de hombre
esta ala de serpiente
que te suele llamar
desde el vergel en los montes
donde se le clavan espinas,
al destello,
los delicados dientes
al jardín de tu cuello
diciéndome el sabor
de tu nombre cuando lo beso.
Estoy haciendo unos poemas
para ti, como diciendo algo
parecido a las hojas que pueblan
el árbol del amor y su árbol;
de los infantes que se besan
en el fondo
de los océanos amables
por los corazones más rotos. Creo
que estas letras se esfuerzan
por tocarte
el alma que llevas en la ropa
que viste a tus entrañas
con ese elegante y fino traje
de mujer medio gata,
medio risa,
me dio locura
tan suave y calido,
como hecho a la medida de un cielo
de naturas
en un mundo falto de las brisas
que decoren con perfume
los espasmos de nacer
donde todo está dicho.
Yo necesito de tu azúcar de beso
para tolerar las lluvias y su fuego
cruzado por barrios de azules
senderos en las costas
que esperan que llegue mañana
cual una oferta de profetas
junto al sol y sus criaturas
rutilantes de la noche de la belleza
entre las que te encuentras tú
para ayudarme a cargar las maletas
del amor
y parecida a esa palabra
que no se dice aún.

“Es evidente que estoy siendo atacado, tanto por la izquierda como por la derecha, por enemigos demasia­do poderosos y no puedo huir ni hacia la derecha ni ha­cia la izquierda.”

Franz Kafka

cosmopolita

Parto. Yo no tengo rancho,
no soy de hierro,
la tierra me besa
cual si amante furtiva engañase al patriota,
a la espalda del lego.

No tengo color y la mezcla: nihilismo.
No celebro victoria:
no gano ni pierdo,
no pierdo ni gano cuando pasa la estación,
una cabeza menos en la cuenta del ganado
piensa en libres holismos
como árboles y ríos.

Muerte. En los trapos hay sangre;
odio por cierto de cualquier animalucho
que brinda espectáculo
orinando unas plantas:

que asegura le pertenecen en privada propiedad.

No le juro a la nada,
no le canto a las paredes,

hoy no estoy de cumpleaños
sólo por que Dios lo mandó.

11/22/2008


LEJANA AMADA MÍA (Dedicado a MARY LUZARDO)

En una tierra, no sé cuál icono plástico
de la belleza que las trovas dotan
en sus frentes de piedra refulgente
cual el labio de su día que me otorgará alguna noche,
en una orilla de esa fina y Láctea vía discípula
del espacio que antepone ante cada penetración
que le ofrendaría en el alma, en el corazón
y sus diademas, mi alma, mi corazón y los futuros
que me evoca: yo la sueño conmigo,
en mi mano sus alas, en sus ojos mis vidas,
cabalgando en las líneas que trazan los mares
y los soles en las playas de una tierra, no sé cuál figura
cosmopolita de su cuerpo que la belleza dota
como una fuente de aves de colores sempiternos
que le aparecen a mi sueño al lado de Ella.

TRABAJO

La invasión, la semana en el pescuezo
del canalla y su lujo y su medicina,
los romanos en el pecho: oro volátil.
Y sus anclas de carbono, nó es vida.
He suplicado: ¡Yo?? El convite
del amanecer, unas Apocalipsis,
unos Sartre en medio del eclipse.
Todos sus ídolos Precolombinos, sujetos
a la puerta enrojecida de mis creaciones
meditabundas, mnémicas, andanzas
taciturnas como requiebros que se castigan
en las comedias divinas alcoholizadas.
El sol a t o r menta
cada mañana en el pecho lejano
de la succión necesaria para la bioquímica del ceño.
Cuantos animales de la pradera mustia, degollados
yacerán por mi lengua teórica.
En el ocaso los señores de los edenes
y las verbenas, elogiando esta víbora de mi boca
cumplirán el siglo. Al tomar las armas del nefrón y su cebada,
cuando nadie que es igual a todos
lo comprendan en sus palcos energéticos y las orgónicas
substancias de la hipocondría de esta vida regurgiten: el amor
estará completo entre tu ser y mi estigma.

11/14/2008

ELEGÍA


I

Cuando te morías por un momento
o amabas
para siempre” como, ahora,
que te suicidaste a mi espalda,
contemplo en la postrimería, de mis delirios
incandescentes, tu amor tan egoísta
que hizo que me domesticará en sólo
tu cuerpo de mi reina. Y me dejó colgando, también,
del dolor inmenso de sentir lo que no puedo percibir
hoy que tus besos humectados de la beldad misma,
tus palabras de nacarón sutil y tu cuerpo,
yacen alejados , para siempre, igual
que como decías amarme…

II

Siempre, totalitariamente: individuo
tácito y refulgente, axón de tu cintura
dibujada con mis dedos trémulos y tuyos,
igualmente creímos en las religiones de los muertos.

Ambos supimos, bien diáfana, la certeza única.

Y constantemente alejados de la gaya ciencia y renunciando
amablemente a la metafísica graciosa, inclusive
logramos inventar el amor y su escalera
gradual de dolores intensos, abstrayéndonos, únicos,
de la sociedad y sus vicios cual el sueño
más hermosos de todo revolucionario.

III

También, siempre, pensé (y las escuadras
sublimables creyeron en la historia)
de Romeo y Julieta, como la reivindicación
del romance incondicional, en los capítulos
de aquella fábula apocalíptica de muerte:

Te juro que te odié y te maltraté
de manera despótica, pues bien sabíamos
que los afectos jamás son puros,
dado que por haber sido engendrados
por la dualidad de “lo humano” siempre
han de manifestarse en antitesis groseramente
disímiles: así era que debíamos evaluar
la profundidad de las palabras, a decir,
su valor y su verdad.

Y entendí al inconsciente, al bruto
campesino celopata que asesinaba a su madre
que era madre de sus hijos, ¿y sabes por qué?
Por eso. Por aquello de que el –real amor-
necesariamente era un odio mortal
en el contexto de los desesperados…

No obstante, igualmente, te expliqué
que en la medida de la racionalización
de los crimines de la humanidad, la humanidad
triunfaría en su máxima
expresión, ya que, si asimilábamos nuestro instinto,
era más fácil sublimarlo y crear
a través de su intelectualización: una ética
perfecta que en rigor era la paz misma.
Por citarte un ejemplo burdo: de todas
la masacres y guerras horribles de animales
disputando territorios, surgió, en algún punto,
la “democracia” (quizá, solamente, como teoría).

Empero, reitero, esta es una larga borrachera
que intenta desenvolver en el lenguaje a la absurda
madeja que tú siempre pensaste que yo era.

Nunca me acomodó el epíteto
de “niño terrible”. Me engrosaba el ego,
es cierto,
pero por mera intención de posicionarme
en un estatus literario que transversalisara mi obra
con la de Poe, Baudelaire, Rimbaud y tantos
otros infelices póstumos.

Sin embargo, sabes bien que padezco
la patología del hombre: creo en la felicidad
como si ésta fuese una suerte de constante,
una “neutralidad” que como anteriormente hago mención,
inconscientemente, NO EXISTE, ya que somos producto
y causa de la infinitud de dualidades
(hombre-mujer;
día-noche,
bien-mal,
amor-odio), que jamás logran síntesis
resultado de que se desconocen sus etiologías.

Puedo decir que te amé con fervor,
con todo aquello que significaba
el mundo en nuestra contra,

con todo lo que era ser el Romeo inmortal
y tú la Julieta preciosa que decidía morir
para el resto por estar conmigo…

Mi magnánima tristeza es fruto
de tu incertidumbre, de tu juicio
arbitrario, de tu pena estereotipada

por saberme guerrillero
en el gobierno de la nada,

un excluido y marginado poeta,

de que hayas decidido irte sin decirme
que me dejabas, que me dejabas
por tu cobardía, por no poseer el valor
de ser nosotros MISMOS
el paradigma del poder
de nuestras propias palabras.

IV

Eras llena de voces
¡Muy cierto!!!!
Nunca entendiste la música qué es distinguir
los instrumentos que la componen.

Qué es descomponer y tener
un instrumento favorito, qué es apreciar
la nada en el todo
y viceversa lo esencial del ritmo
y lo que le hace compañía en una comunión, a veces, sinérgica.

Nunca distinguiste la voz de los otros, de la mía…

V

El dolor más formidable
cala (como la flor
cortada) mi ser nada en tu nada.

Y yo que me pulí en ti, contigo
lóbrega cuchillo
de carne sabrosa y mojada,
que me viste más desnudo que todas
las putas de Santiago, que mis amantes
efímeras a las que embeleso en mis poemas.

El dolor más ciclópeo es que te fueras,
cuando yo era más tuyo que mi ego

cuando yo era tan tuyo como los pedazos de vida
que me diste cuando yo era tan tuyo
que no te dabas cuenta,
como lo soy de mis ideales
de los mares de los parronales de los animales
maravillosos que no están sometidos
a opiniones pútridas de acéfalos y menopausicas.

VI

Yo he amado a todas mis mujeres
a todas y muchas
por no decir todas. He amado
a las razas, a los continentes, a los espasmos
candentes de cada musa foránea.
Yo he amado a Europeas de azul mirada,
a escandinavas formidables, a mulatas de hierro,
a africanas de fuego
a cosmopolitas ligeras y a muchas latinas,
incluso hasta a las madres y las hermanas.
Yo conozco los secretos que no sabes de tus amigas,
me he bebido sus salivas y acicalado sus pubis.
He montado a las ancestrales divas y a las virginales estudiantes,
a las mendigas, a las golfas del lujo mismo.

Pero dijesen lo que dijesen yo siempre
fui tuyo
cual esclavizadamente
soy de cada día muerto en que no estás.

11/11/2008

Y AHORA PREMONICIÓN...

Lo que queda
es este humo que llora en cascada
de pena y un manto bien bruno
bajo el ala

de rosetones rutilantes
que de noche solían tocarte
el alma,

la vida y las piernas
desunidas al placer de sabernos uno:

corazones manufacturados por razones de Midas
(:estáticos y duros).
Como esa imagen capturada
que tu mirada adherida
a la herida de mi mirada

dice nada, todo;
mañana, mañana
(cual una promesa incumplida de futuro y dagas)

sin orbita en el vestido
de princesa que ostentabas
en la copa de plata que alzabas con sangre
de cordero
de menta y tus ojos
de zorra y de gata.
Mi duda tatuada en el acido del sueño
que me derrite el anhelo del heredero del trono
y su castillo de aire en la cima del bloque
de una nube de hielo en la línea del cielo.
Mi boca se engalana de jazmines
que departen su fuego. Todo te debo

(incluso minerales, plantas y un par de rayas
de caramelo).
Unos legítimos nonatos de manos azules
para atar mi conciencia como argollas de perro.
En ocasiones la puerta cerrada de café
y los pies de Colombianas en mis hombros de ego.
Flores, autos, casas, destellos
matronas deformes , las miradas de Febo
en los jardines dorados de mis ciudades del Norte.

Mares y enfermos
para que me soporten la piel
carcomida de besos
que las carroñas comparten

como aquel vodka burbujeante de soledades espesas
inhóspitas cual abanicos del Dios
que te alejan

con la ventolera feroz
de aliento beodo.

Mis ansias digitales, el pedestal de mis codos
sujetándome la muerte en la mesa de los bares,
las chinganas eternas
y el hostal del demonio
que ahora es mi palabra recordando canciones
tus nombres, emociones,
chorros de espasmos de siete
posiciones

macabras en departamentos con balcones
al infierno

que gozamos tantas veces
que ahora
sólo
quedan
sus cenizas

en la alforja
de un viajero que no muere

(y un manso Cerbero
que en el ocaso me estorba)

y en el camino con su revolver amenaza
y me detiene.

VOLVIENDO.

Dilatada la pena fluye
el legítimo jirón
de un suspiro de papel de neón
e n v e n eno los suelos de pasos
sin nimbo: seré todo rumbo con la cara de plata.

Enzima del ocio: filosofía. Imperioso
cosmopolita que brama quimeras
en la serena mar desprovista de vista
haciendo el amor con arena
cual si fuese un palacio el cuerpo de sabia.

Mendrugo es mi letra en el humo intoxicante
no le cantaré más al ángelus
las complacientes romanzas de mi puño
apretado en el aire de nuestro destino.

Sonrío en un bar de Paris junto a Ella.

Que prometa besarme sempiternamente
con sus caminos a seguir.
Supliré la vesania por la herida feliz
olvidando a sus amantes que la amaron para mi
y mis públicos jardines,
púdicos y demases improperios de existir
bajo el brillo refulgente del yugo de bestias
manoseadas del absurdo devenir del cer
do humano que se vanagloria y lisonjea
con el duro trabajo de las sangres obreras
en el lujoso confín de la casa de Dios.