4/16/2014

Cuando paso mucho tiempo sin escribir, tengo sueños raros. No son los sueños extraños de Dalí ni los de Christopher Nolan, son más bien realistas dentro lo surrealista e hiperonírico. Tienen inexistentes escenas de la segunda guerra mundial y de gigantescas naves espaciales aterrizando sobre la comuna de Providencia, hay filósofos muertos debatiendo conmigo sobre lo “real” y queridas de los años veinte fumando con largas boquillas mientras me tiran besos. Tienen pasajes antiguos de cuando estaba en un escenario rapeando y el público saltaba eufórico, o de cuando estaba recitando poemas en una biblioteca y los oyentes hacían gestos con la cabeza, o cuando bebía con muchas mujeres desnudas en habitaciones de hoteles en países centroamericanos. Tienen imágenes satelitales impensadas y perfectas y lluvia en tercera dimensión que empapa melenas largas como las esperas más tiernas; amores imposibles dándome besos irrepetibles, seres queridos fallecidos antes de tiempo, brindándome explicaciones  de su partida y paisajes verdes de antes de Cristo deslumbrándome para siempre.  Cuando sucede esto, despierto con ganas de seguir soñando, y aquel confuso hecho le pone diez minutos más al despertador.  Pero la realidad irrevocable con su incomodo devenir me aplasta siniestra con su sabor a sacrificio y me levanta de la cama con ganas de cambiar la vida, de transformar el mundo. En aquellas encrucijadas analizo mi lenguaje y las vigilias anteriores, retomo las lecturas psicoanalíticas y esotéricas (a Jodorowski  y a Levi Strauss, siempre) y le buscó sentido a lo que no tiene lógica y me entrampo en reflexiones que me hacen ignorar la vacía coyuntura de la que todos opinan. Empiezo a comprender el amor en una extensión diferente, las definiciones de lo abstracto que me otorgó la cultura occidental-patriarcal-machista, me resultan diminutas como esas ganas fálicas de verse más grande frente al otro. Y renuncio al deseo de competir en esa carrera que corren casi todas las ovejas ciegas a tientas suicidas y mala onda… Y no se trata de ser hippie ni que me guste la idea de comer manzanas “autogestionadas” en mi huerto okupa, pues me encanta el glamour que brinda el dinero y eso jamás lo he negado, pero no soporto la idea de ser un esclavo de “lo que los demás esperan” de mí. Me reconcilio cada noche con mi existencia  anotando ideas en mi cuaderno. Jamás me he vendido, pienso, es sólo que entiendo que cada cambio requiere de transiciones lentas y he de alimentar y ejercitar a mi paciencia, haciéndolo todo a la perfección máxima que se me requiera,  cuando de validarme socialmente se trate… Siempre me quedará Paris y esas mierdas para regocijarme en mis verdaderas aspiraciones.

1/04/2014


ANIMALES

Seré el perro ciego,
seré el gato que pasea
y en ventanas ajenas ojearé el panorama
mientras no signifique un drama
para esa cualquiera que desnuda pasea
por su cuarto como si nada
meneándose natural y plena. Como si todo
estaré pendiente de sus pasos
y, eventualmente, en su regazo
me acostaré a recibir sólo caricias,
mientras emito un sonido de placer
o mejor dicho ronroneo sin cesar
al estar en ese paraíso de sus piernas.
 Seré otra bestia también,
una de esas salvajes,
de esas con ojos que no miran a ninguna parte
y que por ende, cuando se fijan
sobre una delicia, no hacen nada más
que abocarse a ella hasta morderla de caricias.
Seré otra vez un pájaro que trina,
haré una canción linda,
procuraré que eso sea irrefutable
y amablemente se la dedicaré a esa parte
del árbol de la vida, en donde ella yace
tendida sobre una hamaca
manufacturada con mis sueños animales.



ODA A LOS FANTASMAS 

Niños que ven fantasmas hablan
a veces conmigo.
Me dicen que “Es bueno tenerlos de amigos,
ellos no dan ninguna pauta
ni buscan ningún sentido”.
“Ellos no se preocupan de las cadenas que cargan
e incluso se adornan las muñecas
con sus eslabones brillantes”.
“No se incomodan por el -antes-
y mucho menos por el –después-,
dado qué para ellos todo es infinito,
hasta el sonido blanco
del refrigerador haciendo hielo
o el pestañear de un viajero
que observa un paisaje inexplorado”.
Me dicen que “No les tenga miedo,
que no es bueno temblar ante lo desconocido”.
Para algunos de ellos sus fantasmas
 son seres queridos, un abuelo, un primo fallecido.  
Para otros son personajes cualquiera
que murieron jóvenes por una enfermedad
o que dejaron de existir injustamente en una guerra,
pero todos coinciden en que no debería haber nadie que les tema,
pues ellos, los fantasmas de cada uno, siempre algo enseñan.


LA PACA

No estoy nunca seguro, en frente de mi casa vive una policía.
A veces ella me saluda con un frío “buenos días”
cuando va a trabajar de uniforme, a la misma hora
en que yo maldigo mi suerte por tener que levantarme rutinariamente
al mismo tiempo que ella,  
y su mirada inevitable me desafía
cuando por casualidad se topa con la mía.
Otras veces, luce un vestido blanco bien ceñido
y su pelo ya no está aprisionado por ese tan feo moño de tómate.
En esos espacios temporales, ella prende fuerte el radio
y escucha la misma música que escuchan los delincuentes;
se ve hermosa, no obstante es similar a una ampolleta apagada:
 todos saben que debería brillar pero, mientras tanto,
si nadie la enciende,
no evoca nada luminoso.  
También suele emborracharse escondida de los ojos de los jueces,
como todas las mujeres que quieren alguna vez estar borrachas
y saca su pistola cual un Sátiro viejo sacaría su pene al viento
para que lo vean las musas
y comienza a dispararle al cielo, diciendo:
-ningún hombre,
un hombre
nunca
me va a dominar-.
Y al otro día, circularmente, se va al trabajo otra vez.


AMENAZAS Y QUEJAS

Amenazas y quejas,
y yo de ambas llevo en el corazón muy marcadas,
son fuerzas que igualmente hacen crecer una bella flor
pero cuando tú las dices cada día y por nada, 
a cualquiera que sin querer pasa en frente de tu frustración,
amenazas y quejas para mi no son nada.



Es insólito, el sol
se a tornado rojo y a su alrededor
el paisaje negro y amarillo
y caen desde el cielo copos de cenizas
como una nieve negra que se deshace
en las yemas de los dedos de un afligido observador.
 Todo indica que algo se quema, que algo
arde sin piedad en el fondo y la superficie
de algún cuerpo confundido de tanto calor.
Es extraño, esos ardores no
deberían derretir el acero, y mucho menos
manifestarse a vista y paciencia
de quienes saben que nada funde el acero.
Es extraño que el acero sea todo lo que me rodea.
Es insólito que todo en derredor tuyo sea fuego.

Es completamente mágica la escena.

12/08/2013

La estoy mirando a los ojos. Hacía dos años atrás que la deseaba de esta manera. Pero, por ese entonces, no tenía clara la certeza de que era algo completamente mutuo. 
Ella era una buena amiga de mi esposa. En el hospital donde laburábamos era de esas colegas que siempre estaban dispuestas a sustituirte en el turno más ingrato, puesto que la soltería, ciertamente, tiene varias ventajas. 
Cuando iba hasta mi casa a ver a mi mujer para comentar la contingencia de que son capaces de percibir como importante las mujeres, hablaban de temas tan trascendentales como “lo bien que le sentaba ese corte de pelo al mozuelo futbolista” o “lo gorda que se veía la anoréxica esposa del presidente con ese vestido blanco”. Al observarlas conversar me daba la impresión de que esa mirada lasciva que me penetraba las pupilas, cuando mi mujer iba hasta la cocina a buscar más aceitunas para aderezar su Martini, era sólo mi perversa imaginación jugándome más malas pasadas respecto a ella.
Yo, inocentemente o sea inconscientemente, trataba con los eufemismos más elaborados de darle siempre a entender que si ella, por alguna razón sinsentido o por alguno de esos caprichos en los incurren espontáneamente los hijos de la luna, alguna vez, en algún momento cualquiera, tuviese el impulso de la mojada ansiedad de sentir entre su peluda entrepierna, un pedazo de venosa carne humana, no dudase jamás en contar con este servidor.
No obstante, cuando ella se acercaba a mí, con mi bella señora de testigo, solía tratarme como quien trata a un niño con serios problemas de cognición.
Nunca pensé qué pudiese, ahora, estar mirándome así.
La estoy mirando a los ojos. Ambos sabemos que acabamos de firmar el contrato con Satán trimegisto, y es inevitable que nuestras almas desemboquen tras este río de pasión en el mismísimo infierno. Es casi, por ende, una obligación para nosotros, en este momento, dejar fluir a sus ansias a cualquiera de las bestias que primitivamente representan el límite de lo salvaje que puede llegar a ser la reproducción de un macho alfa con hembra lúbrica.
Nos besamos con las lenguas grotescamente afuera de las bocas, sin escatimar en la abundante cantidad de saliva que chorrea. El ver los espumosos hilos de baba mezclada, que coronan sus pezones haciéndoles brillar, me hacen apretarle las tetas de manera tal que no puede hacer nada más que emitir un chillido de dolor, que a pesar de ser placentero (según lo que logro apreciar en su mirada) le genera el acto reflejo de morderme los labios hasta hacérmelos sangrar.
A mi también me duele, pero no puedo evitar disfrutarlo.
La tomo de la melena (en este momento recuerdo que no le dije lo bien que le sentaba la chasquilla) violentamente. Hago que su nuca se incline hacía su hermosa y fina espalda tatuada, cuando la veo sometida con los ojos blancos y la ancha boca abierta como un grito, aprovecho de echarle un escupo en la lengua. Ella lo saborea cual si se tratase de una vasija de nutella.
Sola se arrodilla. Y queda frente a frente con el ojo lloroso de mi pene. Por su actitud y su teatro se podría interpretar que es una devota novicia de car con la sublime posibilidad de darle un beso a su deidad.
Introduzco toda mi virilidad en su amplia boca. La campanilla al inicio de su tráquea le hace cosquillitas a mi glande. Le lloran los ojos de tanto atragantarse y se le corre el maquillaje. Al ver esa lágrima negra recorriendo su mejilla, no puedo hacer nada más que levantarla y tirarla en la cama. Y ahora yo me coloco de rodillas, era es mi diosa. Mis motudos bigotes y sus bellos vellos conforman una negra selva en la que se alzan las melodías de sus quejidos. Le separo los labios con dos dedos y hago que mi boca alterne lamidas con succiones en el capuchón de su clítoris. 
Está tan mojada. Creo que incluso acaba de mearse. Y eso me calienta mucho más. Salto como un perro poseído por algún demonio griego y me le monto encima y la penetro con tanta rapidez que sus suspiros cesaron unos segundos eternos volviendo muda su boca abierta, justo antes de dar un feroz grito.
Me roso con ella. Ambos nos movemos como en una danza en que las manos participantes no pueden dejar de estar en las nalgas del otro. Ella me empuja hacía adentro como queriéndome introducir entero en las profundidades de su sexo. Yo siento un fuego mojado friccionándome las inflamadas venas de mi miembro.
De pronto, abruptamente, impredeciblemente, ella para su sabrosa contorsión como si nada, se pone dura como un cadáver al sol y me empuja lejos de su cuerpo cual si fuese un idiota profanador. Me mira a los ojos: su mirada es la de un diablo y me dice “apuesto a que tu mujer jamás te ha hecho esto” y se abre de piernas con un espasmo de funámbulo, toma con médica frialdad mi pija entre sus manos y se la mete por el culo haciendo que su rasposa estreches estimule más mis ganas de explotar.
Se menea y en sus vaivenes aprovecha de poner toda su palma sobre los labios menores de su concha. Se toca hasta eyacular… Y yo al verla, con los ojos blancos y la cabeza dada vuelta, con todos sus musculos retorcidos, los dedos de los pies exageradamente separados y todos los nervios de su piel sumamente contraídos, no puedo hacer más nada que pintar de albo invierno el callejón final de su intestino grueso.
La estoy mirando a los ojos, suspira y me dice “lo siento, no debimos haber hecho esto” pero ya es demasiado tarde para arrepentimientos. Me baño en su ducha azul, me visto y me coloco unas gotas de perfume, le digo “Hasta mañana” porqué, según Nietzsche, la vida es un circulo vicioso.
Esa necesidad imperiosa de –competir- que aflora casi naturalmente en la chusma desclasada, en un terreno de abstracciones determinadas por la televisión gamberra, donde ni siquiera está involucrado el personal deseo del participante; y más bien, es una cultura capitalista y nefasta la que determina al ganador y al perdedor de esa batalla: es el escenario de la siguiente narración.
Se encontraron entre tanta gente que deambula insomne, en el centro de Santiago,  un par de conocidos, antiguos compañeros de liceo público. De esos que pasaban diariamente uno al lado del otro pero qué ni siquiera tenían la cortesía de decirse –buenos  días-
Ambos iban de frente al oleaje de la rutina cotidiana del obrero, a trabajar para producir su subsistencia, y decidieron postmodernamente, en honor a la “especial” ocasión, pues habían transcurrido diez años desde la última promesa del educador, llamar por teléfono hasta sus empleos y decirles a sus jefes que estaban “enfermos” solamente para quedarse el uno con el otro y hablar.
Uno de los amigos, al cual por razones prácticas que dejen completamente clarificado el nivel de vulgaridad (en el sentido de lo –predecible- y  -común- que puede llegar a ser un ser humano) llamaremos simplemente como –Juanito-, vestía un jeans de una conocida marca. Una polera ordinaria de un color fluorescente, también  de esa marca Norteamericana reconocida por su sobreabundante y exitosa publicidad, y unas zapatillas con el mismo logo que se destacaba grotescamente en el pecho estampado de su camiseta. De no haber sido porqué los deprimidos y automáticos movimientos que lo desplazaban desde la casa al trabajo y desde el trabajo a la casa, denotaban que era un ser vivo, perfectamente habría sido confundido con un maniquí de una tienda, ya que en cada escaparate de mall de la ciudad, había un muñeco vestido exactamente igual que él.
El otro amigo, era tan pobre que ni siquiera conocía el nombre de los diseñadores que hicieron su ropa. La ropa Americana que estaba en su closet, haciendo que su habitación fuera aún más fea, lo determinaba fehacientemente en la pirámide social. Y más aún, si a algún transeúnte se le hubiese preguntado por las personas que pasaron a su alrededor en el lapso de un minuto, hubiese reconocido, en imagen, a una gran cantidad de sujetos, pero no a este personaje. Y por ende, para ser justos y tiernos con la pellejería, le daremos el reconocimiento de haber sido popular por su enorme capacidad de pasar desapercibido, y ser tan insípido como un fantasma. Lo llamaremos simplemente Teodoro.
Teodoro y Juan, conocían el mismo bar, tenían historias en común, a pesar de que sus familias se esforzaban por ser de Derecha y “surgir”, o sea, tener un  televisor con más pulgadas. Ambos eran lóbregos parias, sólo que uno tenía menos dignidad que el otro a la hora de ponerle precio a su existencia; y por eso era más respetado, en el pueblo, que el otro.
Juan le dijo a Teodoro:
-Cómo te va viejo querido?!- (“viejo” era una expresión del argot de la clase alta).
-Bien pues, Juanito, no me quejo, por lo menos tengo pan y cebolla-
-Cebolla? Eso provoca mal aliento-
-No culiao, sólo quiero decir que estoy bien, que estoy igual que siempre-
- Ah! no entiendo esas expresiones.- Replicó Juan.
-En serio, culiao?, parece que no te acuerdas de tu hermana.
-Me da tanta vergüenza venir hasta acá, ¿qué dirían mis compañeros en la oficina?---Mira, hombrecito, las cosas cambian siempre para mejor, nuestro padre era un borracho. Encuentro irrisorio que hagas, hoy por hoy,  caso de sus consejos.
Mírate!
Sabes que yo estoy mejor que tú!
Me dicen: -Usted-
Mi señora,
las niñas,

es súper bueno ese colegio, ese colegio de monjas.-

Perdida

He abandonado el blog
sus impresiones biográficas.
he abandonado los poemas
de todas las noches, he abandonado
un par de sueños,
pues de húmedos resfriado siempre me traían
y creo que me hago viejo,
vivo muchos años en un año: soy como un perro,
con la diferencia de qué
cuando me patean muerdo y arranco
y jamás pongo la otra mejilla
 a no ser que se trate de sado.
He abandonado las ganas de abandonar la bebida
¿Qué sentido tiene el mundo sin la risa?
No puedo no caerme feliz sobre el pasto del parque
¿por qué todo lo que amo es un problema?
Los rebaños me enferman aún más,
y no quiero ser de esas ovejas
que acribillan transeúntes en días de furia.
He abandonado la confrontación,
he educado involuntariamente muchos soldados,
 jóvenes soldados que tienen más fuerza que yo,
y que abren los caminos a pedradas y palabrotas,
me he dedicado a caminar sobre pétalos de rosas,
he perdido ese pudor de saber que soy tan idiota…
Me gusta el confort de descansar hedonistamente
entre los pies de una cualquiera.

He perdido la batalla pero jamás perderé la guerra.

10/12/2013



Las personas hablan, las gentes se llenan la boca. La imprudencia es un vicio y a la vez un virus. A veces, los sujetos dicen. Algunos tipos usan palabras que conectadas unas con otras, artículos indeterminados y predicados, construyen realidades. O más bien, una ilusión tan convincente que incluso puede llamarse teoría, y desvalida incluso al que padece en carne propia de lo que inútilmente pretenden estos esperpentos intelectuales explicar con artilugios dialecticos.
Los supuestos viajan de boca en boca como un sida o una enfermedad, que en reiteradas ocasiones se torna purulenta. Se escriben ensayos y libros a propósito de otros ensayos y libros de teorías avaladas en vetustos pensamientos Europeos obsoletos. Los más atrevidos cuestionan “lo real” desde sus cómodos asientos en una biblioteca concientizada por un millonario de algún partido político, mientras se les infla la papada de orgullo mirando un diploma colgado en la pared. Ellos hacen de la universidad otro simple edificio donde abstraerse de la calle y opinar respecto a ella.
Individuos que manifiestan estas prácticas, suelen usar a destajo la palabra c o no ci-miento, sobre todo cuando se enfrentan a un ignaro desposeído excluido por el sistema clasista de educación. Esta forma de chusma es la peor, es la que se encarga de sostener el statu quo de la decadencia de algunos por el bien de unos pocos…

CUECA CTM (777 QEPD)



De Santiago, principalmente extraño los bares.
Los hay para todos los gustos como un sinfín de manjares,
sus personalidades varían, se adaptan y se maquillan
cuando quieren encantar a alguien determinado,
cual chiquillas.
Por eso a veces son más humanos que los humanos,
y enseñan cosas como viejos experimentados,
que han escuchado mil historias
que tienen rayados hasta los baños.
Bordeando el poniente hay algunos de ellos más cercanos al campo
y tienen olor a pipeño y  a chicha, a chorrillana y a chancho
y las mujeres lucen rechonchas piernas colgando
de caderas de fuego ancho como de diablos.
Son morenas con mini faldas negras y tacos,
se cantan cuecas choras y los cocodrilos andan merodeando.
En el centro es como si todo estuviera mezclado,
colores y formas y hasta uno que otro iluminado,
está Brazil con sus cafés que en la noche son tragos largos,
muchachas vestidas como vampiro que en la plaza terminan chupando.
En Mapocho hay piscola y teatro, La Tetera, El Xenón,
El Salamandra, El Flamingo Show y el Grado Cuatro.
Colombia, Perú y Ecuador se suman al cuadro
y las negras de donde más quema el sol
hacen que den más ganas de seguir celebrando.
Hacía el oriente en Providencia, Bellavista y Suecia
albergan toda la maldita bohemia,
se ven estrellas de rock y de cine, de la calle y de telenovelas,
por el parque Bustamante se ven todas las estrellas,
y los happy hours y los after hours vuelan con alas de mosca
sobre el Mapocho y su rivera.
Ahí  uno come ese filete oloroso que baja de los cerros de La Dehesa
y se siente como un araucano pisando huincas
sobre la hija rubiecita de la jefa.
Vacilando con futbolistas y otros pinganillas chuchetas
que venden bolsas de cinco más patiaos
que las piedras de los ochenta.
Algunos de mis favoritos descansan en paz,
se murieron de pena cuando supieron que me fui a Venezuela,
pensaron al igual que yo que jamás regresaría a mi vieja escuela.
Guardo luto aún por el 777,
 fue impactante ver su cara destruida en la acera,
convertida en polvo de ese virulento,
 que sirve de abono para multitiendas hebreas.
Y “La Cueva” convertida en una bodega
de ropa usada que pasan por nueva:
hay un montón de chaquetas colgadas

justo donde agarré a besos a una flaca punketa.  

9/28/2013

No voy a mentirte más. Soñé que estabas muerta, pero en una especie de apartamento de Ñuñoa y seguías tan clara y ojerosa como si estuvieses más viva que nunca, incluso tu aliento fantasmal se percibía cálido e iracundo y tu silueta estaba marcada por el negro tan habitual de tu estilo al vestir, me recosté encima de ti y estabas dura como una muñeca plástica. Me puse celoso de manera inmediata. Intuí que otro hombre te ha estado amando y haciendo feliz mientras yo solamente me limito a lo onírico. Pasaban sobre tu cadáver mis familiares más odiados, criticaban la manera en que tenías decorada nuestra casa (el anteriormente mencionado apartamento, sólo que un poco más amplio y con el lujo de algunos maceteros con gomeros y ficus). Perdón, es decir, aquel mausoleo extraño en el que estabas acostada e inmóvil, sin decir nada, ni siquiera una queja en vista de lo maldito que puedo llegar a ser. Supongo que después de tantos años uno olvida la voz que una vez le dijo te amo, le dijo perrito, le dijo que nunca te abandonaría. 

8/10/2013

Me llenaron de sangre en el ojo
 enemigos que no valían la gloria;
rumiante de rabias me criaron unos lobos desclasados
en las ruinas de la antigua Roma escrita al revés
y me heredaron  nobleza y lucha: ética sobre una moral ya destruida.
La historia es pequeña pero extenso fue su descalabro,
como un efecto mariposa hecho por el aleteo
de un zángano solitario en medio de una zona rural
llena de viejas de mierda envidiosas acostumbradas a perder
 y a comentar sus fantasías
sublimadas en la desvalidación de los demás.
La primera: llevaba en sus cortos años un vestido demasiado largo,
utilizo su guitarra para expiar sus dedos perfumados
de clítoris salvaje y onanista
cantándole a dios y a nadie más (su dios no era nada
más ni nada menos que el bien reflejado en el dinero,
si tenía barba y ojos azules
era mera responsabilidad de los banqueros del vaticano,
antiguos mercaderes fariseos)
, estaba tan llena de culpa que le era inevitable proyectarla
exageradamente en los demás
y así pasaba sus días dándole gracias a algo que no existe
en vez de agradecerle a los verdaderos responsables de su buen vivir
y sus destellos de alegría.
Mas no era su  pecado ser el vástago del terrateniente
más ladrón y sanguinario del lugar.
Sigo cuestionándome su grandiosa estupidez,
pues hay que ser psicópata o idiota para predicar el bien y hacer daño,
y a la susodicha no le importaba en lo más mínimo destruir a los demás
aprovechándose de su posición social y sus estudios de ingeniería
en pos de su estatus rígido e irreflexivo.
La segunda era sólo despreciable
y no puedo creer que una mujer pueda ser así de asquerosa
(pues hasta la más descabellada de las arpías
posee en su esencia femenina una cuota de seducción y gracia
que de alguna forma puede salvarla
del horrible mundo que el hombre ha creado al rededor)
por lo tanto no es irresponsable decir que era un diablo masculino,
un macho cabrío, un demonio de espalda ancha y caderas reducidas,
de pecho plano y peludo y abdomen voluminoso,
de piernas delgadas y glúteos invisibles,
y lo suficientemente fálica para añorar de manera enferma
todas esas cosas que ostentan los hombres con pene diminuto:
posiciones de poder, grandes camionetas, joyas y lujos
que no tienen más sentido que demostrarle algo imaginario a los demás.
Debe, ciertamente, haberse debido a su crianza castrense,
llena de carencias, frustraciones e imposiciones
que jamás la dejaron decir la última palabra,
era un macho sumamente  vengativo.
La tercera: era similar a la segunda pero sabía
que algo podía obtener de la belleza de la hembra
que en ella se exhibía,
mas no podía desprenderse de su pene rudimentario
y a pesar de ser agraciada, rubicunda y despampánate,
brillaba menos que la neblina de un día históricamente triste.
Se embarazó de un potentado en busca de su potencia
y este la abandonó y se fue con otra, más mujer,
y la dejó llena de odio para con los mismos en los que buscaba
la redención de su clase. Su paradoja
era tan extrema que el ceño fruncido se le tatuó en el rostro
y repelía a los varones hasta el punto de cambiar la amargura
por más dolores y jamás sonreír,
era un extraño ser dotado de hermosura para admirar desde lejos,
algo así como un caimán de alcantarilla
o una anguila eléctrica atrapada en un pequeño acuario,
“una mina para follarsela y ni siquiera preguntarle el nombre”.  
La cuarta era una puta.
Perdón!
 Las putas son demasiado excelsas y maravillosas
 y cobran el dinero justo y el momento es el momento,
ella era solamente ella: la cuarta y la última.
Una filosofa Hindú (y cuestionar el machismo
de su reflexión para mi relato carece de sentido)
dijo que las mujeres no debían entregarse así como así
a demasiados hombres,
pues en su calidad de receptoras acumulaban
demasiados bríos diferentes a través del néctar de la creación
y tantas energías diversas acumuladas en una mente
sólo podían llevarla al caos, al desequilibrio y a la esquizofrenia.
Esta señora era todos los días alguien diferente
y esa condición la convertía en un ser en el que era imposible confiar.
A ella no le guardo ningún rencor
pero sé que lo peor es sentir pena por alguien.
A mi me cuesta escupir en el suelo, suelo
tragarme los pollos por no molestar al resto,
 pero a veces es necesario derramar estos gargajos verdes

en vista de que la justicia se demora demasiado 
y la lengua de las salamandras es muy larga.

8/09/2013

E MAIL

Encontraré por ahí tus cartas de amor
en un buzón imaginario al cual accederé con una palabra mágica.
Y no serán amarillas ni olerán a ningún perfume
 y con cada imagen auditiva manufacturada con rayos catódicos
recordaré quién era, antes de abandonar los nidos a patadas:
las metáforas me definirán como ya no soy frente al espejo
y volveré a sonreír cuando me reconozca breves segundos
en ese espacio ya muerto donde solías ser mía
diciéndome siempre conceptos que mejoraban mi melancólico animo.
Si bien demasiado lejos arrojaste tus olores y sabores
y quizá incluso en brazos pequeños me hayas borrado definitivamente,
ni los arrebatos constantes de las olas en las que se menea mi balsa
lograron incendiar las líneas del  afecto que fluía
sobre papeles electrónicos en una red infinita
de correos virtuales que ni dios podrá borrar del internet. 

7/20/2013

Sobre drogas del trópico:
Existe un libro exquisito
(antropólogos franceses con tiempo).
Algunos ni comen pan.
Los pobres comen masas con cecinas
Fideos con bolognesa
Las vienesas son patas de cabra.
En Venezuela la bencina es más barata.
La cocaína es buena en Cali.
El pueblo es algo más grande que una teoría.
Volver vivo es hazaña, pero para quijotes
No existe espacio.

7/13/2013

domingo

Caminábamos con la pequeña de la mano.
Uno a cada lado, agarrados, bien fuerte,
demostrando amor.
Salíamos a pasear con Ella los domingos,
caminábamos por el Parque Forestal hasta Mapocho.
Desde la Estación subíamos por Puente hasta la Plaza de Armas.
Ese día se me ocurrió doblar por Santo Domingo hacía Estado:
quería pasar cerca del Salamandra para recordar
en silencio esos episodios que me mantenían vivo.
Y a dos locales contando desde el comienzo de la esquina,
justo al frente de la entrada de un portal comercial,
en la puerta cerrada por cortinas de madera de un café con piernas,
una musa se dejo asomar.
Posiblemente debe haber estado borracha.
Los domingos se gana poco y se bebe mucho
en esos contextos, las baterías suelen agotarse
alrededor de las 18:00 horas y dinero ya casi no queda,
los piratas abandonan a las sirenas
y vuelven un poco más muertos hasta sus rutinas.
Y se puso a bailar, la guerrera, eróticamente tras el cristal de la puerta,
para todos los transeúntes que observaban esa vitrina.
Una confusión comprensible recorrió raudamente mis pensamientos:
si bien era una señal divina ser testigo de un acto de lujuria
de esa envergadura, un domingo, sin siquiera pensarlo,
la cara de la pequeña al ver a su congénere danzando
sin ropa por una ventana,
era de duda mezclada con carcajada nerviosa,
una expresión que nadie imagina visualizar en un ser querido
m  e  n o  r  d  e  e  d  a  d.
Pero imposible no mirar.
Te vi mirando igual que yo a la mondaria
con un aire de envidia y deseo lésbico que me erotizaba
tanto de ti como de ella.

Solamente fueron unos segundos.

6/29/2013

Me encuentro, a veces, casi siempre, conmigo,
en una posesión total de un demonio
que es único mejor amigo: esa unidad psicosomática
que dispara fuego en honor de los sueños,
de los recuerdos e imaginaciones nominadas
con una A al final, del caudal sin diques apoderándose del todo,
de lo más verdadero de la verdad que se refriega
por cualquier recoveco cálido y jugoso, de lo prohibido
y lo danzado que nadie arrebata jamás
a la remembranza patrona del futuro:
de esa que se vanagloria onanistamente el corazón del amante.
Fácil es ver la puerta del edén esos instantes
en los que suena su diminuta melodía eterna
con eternos retornos a lo fugaz de su aparición,
que hace que sea exquisito eso mismo, repitiéndose
varias veces en el mismo instante,
como una música eléctrica que hace chocar los átomos
hasta que provocan inaguantables cosquillitas íntimas,
y si bien mejor es compartido a la luz de una vela amorosa
y todas esas cosas que significan la buena-vida
o que dicen que es pecado, Oh! Señor;
también es un soliloquio de genio el sobrevolar
a esos paraísos solo, con las imágenes camaradas
capturadas en su mejor momento,
con las faltas de tiempo y de dinero que configuran algunas existencias,
con los deseos escondidos como unos perros ardorosos
que temen morder demasiado fuerte lo que tocan.
Con los sentidos abiertos a todos los sentidos de la palabra sexo en la boca.
Con la mano abierta: herramienta que hizo evolucionar al hombre.

6/16/2013

Quisiera no sentir el aliento de un demonio
cuando observo ese oscuro panorama.  Lo sé,
el futuro es una perspectiva más:
si una ampolleta se prendiera, nadie tropezaría.
No me encuentro en este enorme día.
Es ahí, cerca del corazón como metonimia,
como abrazo, donde sostengo un castillo
sobre mi lomo exhausto.
¿Vértigo? Lo mejor sería una caída hacía arriba.
¿Y qué es la culpa sino otra de las deudas?
Usureros que penetran incluso hasta los sentidos.
No lo quise hacer, empujar un muro
con una espada pinchando en la espalda
requiere de fuerza
desmedida y descontrolada.
Si el amor no matara
no sería más que las viles vueltas en derredor de la vida.
No obstante canciones de agonía pululan de sobra
por entre los caminos eternos de panfletos y libracos,
y yo quiero llevarte a danzar sobre esos astros,
esos que el mundo ve desde lo lejos.
Mis lágrimas se han petrificado, sólo me basta lanzarlas
contra los espejos y soñar

que todo cambiara para bien nuestro. 

6/11/2013

Escriben mal. Los libros que les impusieron el día de amar la lectura, les golpearon el cachete y en esa mejilla irritada de la adolescencia el asco hizo que ya jamás les interesará coger un manual de existencia. ¿A quién le importa Eduardo Barrios e Isabel Allende, si en sus mansiones los niños que juegan a la botella no se asomaban en la vereda?… Desde entonces, salió mal el amor… Tuvieron hijos a los dieciséis años, se quedaron con el primer simio que pudiese arrendar un apartamento barato en una población cualquiera de esas de las que está llena la periferia (la idea era alejarse lo más posible de sus madres, mujeres que irónicamente escapaban de la misma maldición), independientemente su carácter fuese peligroso y un par de cachetadas fuesen mal vistas por el resto de los paisanos que sólo se preocupan de comentar sus fracasos… Las nenas justificaron el maltrato, y sus hijos hicieron bullyng en el colegio y a veces llegaron sangrando, y les pusieron protecciones a las ventanas y aislaron el sonido de las discusiones en las que el marido las desvalidava hasta el extremo... y pensaron "así es la vida" y todo siguió sucediendo...

6/05/2013

Pasan los segundos de esta manera. No es la primera vez que las semanas son un puro día y los días son una infernal hora en que la noche y la mañana se transforman en una bestia que oprime a manera de angustia, derrochando el tiempo como un apostador que coloca sus esperanzas en una estúpida ficha, sus energías presas en un galón de cerveza o en una ilusión malsana de sexo sin amor.
Si tan sólo volviera a ser un niño y esperar la oscuridad de la navidad fuese la meta más concreta del tiempo, los juguetes y las bebidas en las cenas familiares la respuesta a un pequeño sacrificio que no implica heridas en el corazón, ni siquiera sé si estaría conforme con mi existencia, ya que igualmente seguiría dependiendo de otros.
Observo a mis gatos recorrer la casa como si esta fuera el universo completo, me siento mal conmigo mismo pues si yo fuese el dios que ellos deben considerarme por el hecho de darles comida y agua, calor y cariño, y castigarlos cuando arañan los brazos del sofá, seguiría siendo un tirano que los mantiene encerrados y les priva de su libertad de ser lo que son. Soy también yo como las iglesias que dicen conocer la palabra del dios de la mayor parte de los hombres: una cómoda mentira para esclavos que no quieren problemas y se acostumbraron a recibir las migajas del enorme pan de los dueños de sus destinos, los que les imponen el bien y el mal.
Y aunque confundido analizo la felicidad del que tiene un nuevo automóvil, sólo me gustaría vivir a mi manera sin el juicio de los que compran objetos para llenar sus vacíos. Es imposible competir en una instancia que no te pertenece, es como poner en desafío a una soprano con un boxeador, como echar a pelear una golondrina con una hiena. Si yo prefiero un libro a una cadena de oro, la paz y el respeto a la falsa zalamería de un esquirol con su patroncito, viajar a pagar toda mi vida una casa que el tiempo deteriora igual que al cuerpo humano, disfrutar haciendo mi trabajo y no sentirme como el engranaje de una sucia maquina de la que saca provecho un millonario viejo insensible, fumar marihuana a desperdiciar mis pensamientos en cómo pagar una cuota a fin de mes, decir siempre la verdad aunque se desordene un ciclo completo de condicionamiento social, amar antes que la soledad me acongoje y se transforme en una enfermedad… No veo porqué algunas personas se sientan con el derecho de despreciarme…
A veces, cuando en derredor alguna alma acomplejada con su pobreza cree que atropellándome con su televisor de 42 pulgadas es mejor persona que yo, quisiera ser un idiota más y llenar mis bolsillos sin mirar las montañas ni la luna, pero para mi buena fortuna aquello me resulta imposible.

Mejor aprenderé a amar mis depresiones y cuando pasen las semanas, los meses y los años, convertidos en esa bestia que oprime como angustia, invitaré al horrible animal a correr por el parque mientras ando en mi bicicleta imaginaria escuchando la música de la libertad.

6/02/2013

Camino en la noche por la población.
Quiero comprar cigarros y hace demasiado frío.
 La noche otorga un manto natural
para la decadencia del vencido
y en la esquina dónde está pequeñamente edificada
la “animita” de un sujeto que murió baleado,
una tropa de desposeídos mendigan una moneda
 para que jamás se les acabe el vino.
Odio las rutinas. Ver permanente
a quienes no quieres ver
o repetir constantemente la palabra –no-
tarde o temprano te produce una violencia…
Llevaba tres días alejado de la realidad en envases metálicos,
que se convirtiera en vicio esa sensación
de que todo es posible
no se comparaba con el gasto de dinero
que implicaba sentir constantemente placer por la existencia.
Nada me daba miedo
y esa pensé yo que era la sensación del suicida
antes de mantener constantemente el extremo sensorial
de que ya nada importa.
Si alguien pensará que me quiero morir
 debería argumentar sin los actos mi percepción de las cosas…
Tenía mucho frío, tuve que caminar más de la cuenta
para conseguir mis cigarros…
Al pasar por enfrente de los saltimbanquis excluidos,
uno de ellos me pidió una moneda,
lo ignoré completamente
y este reaccionó con una profunda indignación
como si yo lo hubiese ofendido…
Me trató de mezquino, de Judío y de oveja,
mas no consideró que yo estaba igualmente abatido.
Me devolví hasta su manada y le escupí la cara,
lo derribé y lo patee anonadado
porqué ninguno de sus comensales hacía nada…  
desahogue mi frustración y nadie dijo nada,

nadie dijo nada…
Te oí decir que el amor tenía un componente adolescente que siempre terminaba en lo mismo y transformaba a las otras personas en objeto de preocupación disfrazada de lejanía absoluta y meros recuerdos que unen de manera muy poco frecuente las vidas de los involucrados… a veces has manifestado que te gusta que yo sea feliz con otra mujer, que te sientes orgullosa, que tú también eres feliz con otro. Pero querida, no te das cuenta de que yo estoy en tu vida y de que tú me importas tanto… a veces quisiera besarte de nuevo y disfrutar ese momento como una caricia de alguna deidad que me otorgo aquel milagro.

6/01/2013

Reflexiono siempre. Me siento mal la mayor parte del tiempo, soy depresivo y no es para nada genético a pesar de que mis padres padecen una melancolía crónica separados. Se la gané al director del hospital psiquiátrico de la U de Chile, y nos hicimos amigos pues él temía que yo  me suicidará igual que su amigo Rodrigo Lira. Él me encontraba físicamente parecido al vate y el hecho de que yo fuera poeta lo evocaba más aún, estaba engordando paulatinamente no por comer en el macdonals sino por beber en demasía (el alcohol es azúcar)… Para el doctor Lewis Rasco nuestras sesiones eran intercambiar poemas; me daba consejos sobre como amar a una mujer, desde la ciencia obviamente, así que jamás funcionaron en la realidad y pasaba la gran parte del tiempo solo. Cada vez que me iba de la consulta él me abrazaba tan fraternamente que me instruyó en como abrazar a mi Padre y a mis hermanos (pues estábamos tan recatados producto de la dictadura que encontrábamos de “maricones” darnos un beso en la mejilla…) me enseñó a aceptarme como un guerrero, alguien que necesita sedarse del universo para convivir con la injusticia, jamás cuestionó mis adicciones al alcohol y a otras drogas ilegales, de hecho prefería que fumará yerba a qué la marginalidad me arrastrará a los laboratorios químicos de los ghetos colombianos… Fue un gran maestro para mí…
Un día me propuso ser el conejillo de indias de un revolucionario proyecto de antidepresivos norteamericanos, me dijo que todo lo que yo iba a experimentar en los laboratorios clínicos de la U de chile, tenía un valor monetario que sobrepasaba el presupuesto de un sujeto de clase  media común... Que me iba a curar, que jamás volvería a sentir pena…

Me llevaron a los subterráneos del hospital psiquiátrico de avenida la Paz (nadie conoce esas instalaciones) debo reconocer que me asusté. Más aún cuando una enfermera con notorio aspecto de no haber salido nunca de allí me dio unas pastillas celestes y un líquido incoloro en un matraz erlenmeyer que me hizo aspirar cual si fuese la bolsa de neopren de un mendigo joven y suicida de los años ochenta… A esas alturas ya estaba suficientemente vulnerable para que inyectaran agujas en mi cabeza y sintiera como el acero penetraba mi masa encefálica sin oponer resisitencia… había cables conectados a las agujas y muchos doctores veían en un monitor HD como me retorcía de miedo, dolor y ganas de salir de ahí… Estaba muy drogado, muy sedado, mas de pronto sentí como se me dilataban las pupilas y una fuerza enorme poseía todos mis músculos… me desprendí de todos los electrodos, golpeé a un par de paramédicos, rompí un vitral de espejo unilateral y me dieron unos deseos lujuriosos inexplicables… violé a una joven practicante sin sentir los golpes de fierro que me propinaban los hombres de blanco… al acabar me puse aún más violento y mi fuerza se incrementó… le saqué un ojo a un viejo soberbio que pedía que me dispararan y patee tan fuerte al guardia de seguridad que ni siquiera alcanzó a disparar su pistola… cogí su arma y me escape por los pasillos, desnudo y clavado por miles de agujas… le disparé a quienes se me cruzaban, no importaba si eran “inocentes”…en la calle le volví a disparar a un tipo calvo que yacía muerto en un 4x4 y me fui en su auto hasta una plaza, de ahí le disparé en la cabeza a un sujeto de similares proporciones a la mías y caminé como si nada hasta el día de hoy…